Fabricaciones Militares atraviesa un punto de inflexión. Las capacidades de defensa vuelven a ocupar un lugar central en la agenda estratégica. El análisis de licitaciones publicadas en el Boletín Oficial, junto con contratos del Ministerio de Defensa, permite trazar un panorama preciso sobre el estado actual de cada planta.
La Fábrica Militar Fray Luis Beltrán, en Santa Fe, se posiciona como la unidad más dinámica en términos de contratación reciente. Un ejemplo claro es la licitación para la adquisición de herramientas de precisión destinadas a la producción de vainas calibre 9 mm. Este tipo de inversiones, orientadas a maquinaria y equipamiento industrial, evidencia una estrategia de consolidación a largo plazo. Cabe destacar que esta planta es la única en el país con capacidad para producir munición de calibres portátiles estandarizados por la OTAN (9×19 mm y 7,62×51 mm).
Por su parte, la Fábrica Militar Río Tercero, en Córdoba, presenta un perfil distinto, enfocado en el sostenimiento de su infraestructura química pesada. Las licitaciones recientes así lo reflejan: el 24 de febrero, la adquisición de una bomba para NAS60 PNIT; el 11 de marzo, la compra de intercambiadores para la planta de ácido sulfúrico; y el 14 de abril, la incorporación de tanques de mezcla nitrante. En conjunto, estas acciones apuntan a preservar y optimizar capacidades críticas vinculadas a la producción de material energético. Su relevancia histórica se explica, además, por su participación en el programa CITER, cuyo desarrollo —un cañón de campaña de 155 mm producido entre 1977 y 1981— tuvo su bautismo de fuego en 1982 durante la Guerra de Malvinas, apoyando posiciones argentinas en los montes Kent, Longdon, Wall, Harriet y Dos Hermanas.
En tanto, la Fábrica Militar de Pólvoras y Explosivos de Villa María continúa siendo un eslabón clave dentro de la cadena productiva. Su capacidad para producir pólvora de base simple y doble base abastece diversas líneas de munición. Parte de su sostenimiento financiero proviene de la comercialización de explosivos hacia el sector minero y la industria civil. La licitación del 23 de abril, destinada a la adquisición de compresores de amoníaco, indica inversiones dirigidas a mantener operativa la infraestructura requerida para procesos químicos especializados. En contraste, FANAZUL —la Fábrica de Explosivos de Azul— no registra, hasta 2026, nuevas licitaciones en el Boletín Oficial.
Estas iniciativas se desarrollan en paralelo a programas más amplios de fortalecimiento impulsados por el Ministerio de Defensa. Entre ellos, el Programa 333 de Desarrollo de Capacidades de Asociación, un acuerdo quinquenal con Estados Unidos orientado a la transferencia tecnológica, la asistencia técnica y la incorporación de equipamiento para vigilancia marítima. Como resultado, ya se ha modernizado un avión B-200 M Cormorán de la Aviación Naval, mejorando significativamente las capacidades de control del espacio marítimo. Asimismo, se prevé la incorporación de dos aeronaves Textron B-360ER hacia finales de este año.
En conjunto, estos procesos responden a una lógica dual y complementaria. Por un lado, la cooperación internacional fortalece las capacidades operativas mediante el acceso a tecnología y socios estratégicos. Por otro, la reactivación de Fabricaciones Militares apunta a reconstruir la base industrial nacional en materia de defensa. Ambos vectores convergen en un mismo objetivo: dotar a la Argentina de mayor autonomía y capacidad de respuesta frente a los desafíos de seguridad del siglo XXI.