Hoy, tras más de 25 años de negociaciones, la Unión Europea (UE) aprobó provisionalmente el acuerdo comercial con el Mercosur, pese al rechazo de países como Francia, Polonia, Austria, Hungría e Irlanda. Este paso clave, respaldado por una mayoría cualificada, marca un hito en las relaciones entre ambos bloques. Pero, ¿qué implicancias tiene para Argentina? ¿Qué ventajas y retos presenta este acuerdo para el país?

Un largo camino hacia el acuerdo 

El pacto entre el Mercosur y la UE, que busca crear una de las mayores zonas de libre comercio del mundo, ha sido fruto de intensas negociaciones durante más de dos décadas. Aunque Francia se opuso formalmente —argumentando la protección de su sector agrícola—, el respaldo mayoritario permitió avanzar en su ratificación. Sin embargo, el proceso aún no termina: ahora el texto debe ser aprobado por el Parlamento Europeo y, en algunos casos, por los parlamentos nacionales de los Estados miembros, lo que podría generar nuevos desafíos.

Oportunidades y desafíos para Argentina 

En un contexto global de tensiones geopolíticas y debilitamiento del multilateralismo, este acuerdo representa una puerta de acceso preferencial para las exportaciones del Mercosur. En concreto:

– Eliminación de aranceles para el 99,5% de las exportaciones agroindustriales del bloque.

– 84% de los productos ingresarán sin impuestos, mientras que el 15,5% tendrá cuotas o reducciones parciales.

Este beneficio, sin embargo, genera resistencia en países como Francia, que temen el impacto de los productos sudamericanos en su mercado agrícola. Así, la política interna de los socios europeos sigue siendo un factor determinante en el futuro del acuerdo.

 Próximos pasos 

La aprobación por parte de los embajadores europeos permite que la presidenta de la Comisión Europea, Úrsula von der Leyen, viaje a Paraguay para formalizar el pacto, posiblemente el 17 de enero. No obstante, la ratificación definitiva aún enfrenta obstáculos. Argentina y el Mercosur deben estar preparados para aprovechar las ventajas comerciales mientras negocian en un escenario con desafíos políticos y económicos.

En definitiva, este acuerdo no solo fortalece la integración regional, sino que también plantea una nueva etapa de oportunidades y tensiones en el comercio internacional.

Sin embargo, esta ventaja arancelaria representa precisamente una de las grandes oportunidades para Argentina. Desde la Fundación del Instituto de Negociaciones Agrícolas Internacionales (INAI) de la Bolsa de Cereales de Buenos Aires, se destaca el potencial de este beneficio para consolidar la inserción global y el posicionamiento estratégico de la cadena agroindustrial argentina en el mercado europeo, gracias a las reducciones y exenciones de aranceles.

Entre las medidas más destacables, se encuentra la eliminación inmediata de gravámenes para el 70% de las exportaciones, que incluyen productos pesqueros, soja, maní, frutas y frutos secos, aceites vegetales de uso industrial, así como despojos y grasas de origen bovino, porcino y ovino. Por otro lado, se acordó un desmonte progresivo (entre 4 y 10 años) para el 14% de los productos exportados, junto con cuotas preferenciales para otro 15.5%, abarcando carne bovina, aviar y porcina, maíz, quesos y etanol. Estas disposiciones aplican para todo el Mercosur y requerirán mecanismos internos de distribución.

El Canciller argentino, Pablo Quirno, calificó el acuerdo como “histórico”, ya que permitirá al Mercosur —incluyendo a Argentina— acceder bajo condiciones preferenciales a la Unión Europea, tercera economía mundial y responsable del 15% del PBI global. Según detalló Quirno, “la UE suprimirá aranceles para el 92% de nuestras exportaciones y facilitará acceso preferencial para un 7.5% adicional. Así, el 99% de los productos agrícolas del bloque se verán favorecidos”.

No obstante, el acuerdo genera posturas encontradas. Mientras países como Francia advierten sobre el riesgo de una mayor competencia sudamericana en el mercado europeo, otras naciones, como Alemania, defienden que el tratado diversificará las oportunidades comerciales de la UE, contrarrestando desafíos como la competencia geopolítica china y las políticas arancelarias de EE.UU., en un contexto marcado por la guerra ruso-ucraniana y tensiones crecientes en Medio Oriente.

Más allá de los beneficios, el acuerdo podría fortalecer la autonomía estratégica europea, según sus promotores. Sin embargo, también plantea desafíos para el Mercosur, especialmente Argentina, en cuanto a futuras negociaciones diplomáticas y la receptividad del mercado europeo, aún dividido frente a esta iniciativa. El impacto real de esta apertura comercial sigue siendo incierto.