El presidente argentino Javier Milei continúa consolidando un discurso político que mezcla neoliberalismo extremo con un alineamiento incondicional hacia los sectores más radicales de la política israelí. En una reciente entrevista, Milei volvió a atacar a la exmandataria Cristina Fernández de Kirchner, rechazó tajantemente la posibilidad de un indulto y, en el terreno internacional, calificó a Irán como “enemigo de la Argentina”, reafirmando su apoyo a los ataques militares de Israel en Medio Oriente.
La postura de Milei no solo distorsiona la política exterior argentina, históricamente fundada en el principio de no intervención y respeto a la autodeterminación de los pueblos, sino que además consolida una narrativa de confrontación que pone en riesgo la soberanía diplomática del país. Declarar a Irán como enemigo, sin una investigación judicial transparente y definitiva sobre los atentados de la AMIA y la embajada israelí, supone un acto irresponsable y peligroso. Reforzar una enemistad con un Estado con el cual Argentina mantiene relaciones diplomáticas es no solo imprudente, sino profundamente funcional a la agenda internacional de Tel Aviv y Washington.
Milei exalta a Israel como defensor de “la civilización occidental” y llega incluso a decir que este país “salvó a Occidente” al bombardear instalaciones en Irak y Siria. Tal retórica, que roza el fundamentalismo ideológico, blanquea crímenes de guerra, justifica ataques preventivos ilegales y convierte a la Argentina en un actor subordinado a los intereses del sionismo militarista, bajo la falsa bandera de la defensa de los “valores judeocristianos”.
Además, su caracterización de Hezbollah y Hamas como “organizaciones terroristas” sin ningún matiz, desconoce la complejidad del conflicto palestino-israelí y toma partido por el agresor. En lugar de abogar por una solución pacífica y diplomática que respete el derecho internacional y los derechos del pueblo palestino, Milei celebra los bombardeos selectivos y la lógica de exterminio como “actos de honor”. Esa narrativa de “bombas quirúrgicas” ya ha sido refutada por organismos internacionales y defensores de derechos humanos que han documentado el uso excesivo de la fuerza por parte de Israel y las sistemáticas violaciones a la legalidad internacional.
En el plano interno, el mandatario se presenta como el abanderado de la justicia, pero su defensa de la independencia judicial es selectiva. Mientras aplaude la condena de Cristina Kirchner como ejemplo de “republicanismo”, omite mencionar la politización del Poder Judicial y las causas construidas con pruebas débiles y procedimientos viciados. En su cruzada contra el “kirchnerismo”, Milei no duda en manipular la Justicia con fines políticos, al tiempo que critica a gobiernos anteriores por hacer lo mismo.
Javier Milei representa una versión aggiornada del viejo liberalismo autoritario, que combina desprecio por lo público, alineamiento con potencias extranjeras, y un discurso de odio hacia cualquier alternativa progresista. Su alianza con Israel no es una casualidad: ambos gobiernos comparten una visión excluyente del mundo, una negación de los derechos colectivos y una retórica belicista que amenaza tanto la paz internacional como la democracia interna.